Un ADR (American Depositary Receipt) es, en espejo, lo opuesto a un CEDEAR: es un certificado que cotiza en una bolsa de Estados Unidos y representa acciones de una empresa que no es estadounidense —en nuestro caso, muchas veces, empresas argentinas. ¿Cómo funciona? Un banco depositario en EE.UU. mantiene las acciones reales de la empresa […]
Un ADR (American Depositary Receipt) es, en espejo, lo opuesto a un CEDEAR: es un certificado que cotiza en una bolsa de Estados Unidos y representa acciones de una empresa que no es estadounidense —en nuestro caso, muchas veces, empresas argentinas.
¿Cómo funciona? Un banco depositario en EE.UU. mantiene las acciones reales de la empresa extranjera (por ejemplo, una empresa argentina que cotiza en la Bolsa de Buenos Aires) y emite, a cambio, certificados que se negocian en dólares en el mercado norteamericano. Igual que con los CEDEARs, cada ADR tiene un ratio de conversión respecto de la acción original.
¿Por qué le importa esto a un inversor argentino? Varias de las empresas más grandes del país —bancos, energéticas, tecnológicas— cotizan como ADR en Nueva York además de hacerlo en Buenos Aires. El precio del ADR, al estar en dólares y reflejar cómo ve el mundo a esa empresa argentina, suele usarse como termómetro de cómo el mercado internacional percibe el riesgo del país en un momento dado.
ADR vs. CEDEAR de la misma empresa: si una empresa argentina cotiza como ADR en EE.UU. y vos la comprás ahí, estás en dólares y afuera del sistema financiero local. Si en cambio comprás la acción local de esa misma empresa en Buenos Aires, estás en pesos y expuesto a la brecha cambiaria y al riesgo local de forma más directa. Son dos formas distintas de exposición a la misma empresa, no instrumentos intercambiables.
Para quién tiene sentido: más que una herramienta para el inversor que recién arranca, los ADRs sirven sobre todo como referencia para entender cómo el mundo valúa a las principales empresas argentinas desde afuera.
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