Durante años trabajé como contador de varios clientes, chicos y grandes. Vi la misma escena una y otra vez: gente que ganaba bien, que era buena en lo suyo, que había logrado ahorrar algo — y que se paralizaba apenas la conversación tocaba el tema de "qué hacer con esa plata".
No era un problema de números. Era un problema de lenguaje. A la mayoría de la gente le explican las finanzas como si ya supieran de finanzas — con siglas, con jerga de mercado, con un tono que da a entender que si no entendés, es porque no diste la talla. Y no es así.
Empecé a explicarle a mis clientes las cosas como se las explicaría a un amigo tomando un café. Funcionó. Empecé a hacerlo también en redes, y me di cuenta de que el problema no era solo de mis clientes: es el problema de la mayoría de la gente que gana bien en Argentina y no tiene con quién hablar de esto sin sentirse juzgada.
Por eso decidí armar este espacio: para acompañar a la gente con el mismo lenguaje simple con el que arranqué, mientras sigo sumando formación en el camino.
